L’objectiu de les tres reporteres catalanes és que “Silenci: aquí es tortura” recorri el màxim d’espais possible, perquè fora dels moviments socials es prengui consciència que al 2007, a l’estat espanyol, encara es tortura. I a més, s’intenta silenciar. Aquest primer treball s’ha centrat en persones detingudes per qüestions polítiques o pertanyents als moviments socials i a les agressions que han sofert a comissaria. Però les autores del documental tenen la intenció de fer una segona part centrada en presos socials i presons, i una tercera dedicada als immigrants i els centres d’internament.
domingo, 25 de marzo de 2012
SILENCI: aquí es tortura
L’objectiu de les tres reporteres catalanes és que “Silenci: aquí es tortura” recorri el màxim d’espais possible, perquè fora dels moviments socials es prengui consciència que al 2007, a l’estat espanyol, encara es tortura. I a més, s’intenta silenciar. Aquest primer treball s’ha centrat en persones detingudes per qüestions polítiques o pertanyents als moviments socials i a les agressions que han sofert a comissaria. Però les autores del documental tenen la intenció de fer una segona part centrada en presos socials i presons, i una tercera dedicada als immigrants i els centres d’internament.
sábado, 17 de marzo de 2012
miércoles, 14 de marzo de 2012
Nancy Fraser
Apple tuvo un pico de demanda y para cumplir sus compromisos se vio obligada a triplicar la producción...
¿Movilizó media California?
Despertó a todos sus trabajadores de Guangdong a las dos de la madrugada.
¿Son muchos?
La subsidiaria de Apple, que trabaja también para otras megatecnológicas, cuenta con un millón cien mil empleados.
No es una pyme.
Apple necesitaba doblar la cadena nocturna y en una hora lo logró. A las tres de la madrugada, todos ya trabajaban a tope, y a las diez de la mañana se había cubierto el pico.
¿Cómo lo sabe?
Es un caso de manual en las universidades. Tratamos de explicar cómo el hambre de trabajo de millones de inmigrantes chinos del campo a la ciudad permite milagros productivos globales como Apple.
Quien emigra suele trabajar más.
Estamos en un proceso imparable en el que a medida que los trabajadores de países emergentes vayan adquiriendo más derechos –ojalá los logren pronto– nosotros, los empleados de países anteriormente ricos, los iremos cediendo... con nuestros salarios.
En Harvard dicen que el equilibrio entre sueldos y derechos de los chinos y nosotros se alcanzará en veinte años.
Cada vez que un trabajador norteamericano entra en Wal-Mart y compra productos chinos baratos está rebajando su salario.
Que se preparen también para trabajar como chinos por el salario de los chinos.
Es el mismo proceso. Usted compra barato lo que antes fabricaban en su país o en otro país europeo que respetaba los derechos laborales y, de ese modo, contribuye a liquidar su empleo y a rebajar su propio salario.
Los chinos tienen derecho a prosperar.
Por eso mismo: prosperar significa conseguir derechos laborales. Pero seamos realistas: no podemos bajarnos del tren de la globalización, porque aislarse sería peor que la peor de sus consecuencias.
Podemos intentar entenderla.
Veamos: los estados europeos habían conseguido tras la guerra una cierta estabilidad en sus estados nación, dentro de lo que los juristas llaman marco westfaliano.
Íbamos tirando.
Cada Estado protegía a sus ciudadanos y, mediante sus impuestos, redistribuía la riqueza que creaba su economía en forma de servicios del Estado de bienestar.
Algunos lo hacen mejor que otros.
Pero para poder redistribuir la riqueza, primero hay que crearla, y lo que Europa fabricaba y vendía para mantener sus servicios hoy lo fabrican y venden mucho más barato los países emergentes.
Eso lo sabíamos.
Pero es que, además, el peso del capital financiero especulativo y sus instrumentos de intervención multiplica varias veces el capital invertido en producir bienes. Su enorme poder acelera la competitividad global, un proceso que antes era más lento.
El especulador proporciona liquidez.
Y antes de eso, los occidentales ya hemos cedido bienestar sin darnos cuenta...
Es que estos años han sido duros.
Estas décadas. Recuerde que sus padres podían vivir relativamente bien sólo con el salario del cabeza de familia. Hoy son imprescindibles dos sueldos para mantener el mismo nivel de vida en un hogar.
Pronto harán falta tres para vivir peor.
Nuestra convergencia con las condiciones de vida de los emergentes podría, no obstante, ser menos traumática para todos si interviniéramos como ciudadanos democrática y soberanamente en el proceso.
¿Hay alternativa a aguantarse?
Por supuesto. Antes le hablaba de Wal-Mart y la vida low cost: usted paga menos y así le acaban pagando menos a usted.
Nadie regala nada por nada.
Y en el otro extremo está el high tech: Google, Facebook, Apple... Son sectores californianos donde los sueldos se han disparado.
¡Pero aquí evaden sus impuestos!
Porque sus estados nacionales europeos ya son impotentes para hacerles pagar. Pueden confiscar las rentas del trabajo de sus clases medias, pero son incapaces de hacer pagar a grandes fortunas o multinacionales.
¿Si quisieran, podrían?
Han entrado en una subasta competitiva por atraer inversiones y empleos que incluye hacer la vista gorda fiscal con las multinacionales, porque ellas pueden crear empleo.
También tienen miedo a que los grandes capitales huyan de la fiscalidad.
Se gravan más las rentas del trabajo que las del capital, precisamente por la misma lógica anticuada: si se molesta al gran capital, se irá a otra parte y perderemos inversiones. Si evitáramos los paraísos fiscales –algo perfectamente factible con la suficiente presión ciudadana–, se frenaría ese proceso.
No tenemos estados capaces de eso.
Han sido desbordados por la globalización. Estamos hablando de problemas globales que requieren soluciones globales. Y eso implica un nuevo cosmopolitismo que las haga posibles. Hoy sólo las clases medias creen en el Estado nación: las clases altas lo utilizan y las clases bajas son migratorias.
El nacionalismo es de clase media.
Necesitamos un nuevo cosmopolitismo que sepa ver que nuestros grandes problemas globales ya no tienen soluciones nacionales. Así podremos crear instituciones globales para solucionarlos.
¿Movilizó media California?
Despertó a todos sus trabajadores de Guangdong a las dos de la madrugada.
¿Son muchos?
La subsidiaria de Apple, que trabaja también para otras megatecnológicas, cuenta con un millón cien mil empleados.
No es una pyme.
Apple necesitaba doblar la cadena nocturna y en una hora lo logró. A las tres de la madrugada, todos ya trabajaban a tope, y a las diez de la mañana se había cubierto el pico.
¿Cómo lo sabe?
Es un caso de manual en las universidades. Tratamos de explicar cómo el hambre de trabajo de millones de inmigrantes chinos del campo a la ciudad permite milagros productivos globales como Apple.
Quien emigra suele trabajar más.
Estamos en un proceso imparable en el que a medida que los trabajadores de países emergentes vayan adquiriendo más derechos –ojalá los logren pronto– nosotros, los empleados de países anteriormente ricos, los iremos cediendo... con nuestros salarios.
En Harvard dicen que el equilibrio entre sueldos y derechos de los chinos y nosotros se alcanzará en veinte años.
Cada vez que un trabajador norteamericano entra en Wal-Mart y compra productos chinos baratos está rebajando su salario.
Que se preparen también para trabajar como chinos por el salario de los chinos.
Es el mismo proceso. Usted compra barato lo que antes fabricaban en su país o en otro país europeo que respetaba los derechos laborales y, de ese modo, contribuye a liquidar su empleo y a rebajar su propio salario.
Los chinos tienen derecho a prosperar.
Por eso mismo: prosperar significa conseguir derechos laborales. Pero seamos realistas: no podemos bajarnos del tren de la globalización, porque aislarse sería peor que la peor de sus consecuencias.
Podemos intentar entenderla.
Veamos: los estados europeos habían conseguido tras la guerra una cierta estabilidad en sus estados nación, dentro de lo que los juristas llaman marco westfaliano.
Íbamos tirando.
Cada Estado protegía a sus ciudadanos y, mediante sus impuestos, redistribuía la riqueza que creaba su economía en forma de servicios del Estado de bienestar.
Algunos lo hacen mejor que otros.
Pero para poder redistribuir la riqueza, primero hay que crearla, y lo que Europa fabricaba y vendía para mantener sus servicios hoy lo fabrican y venden mucho más barato los países emergentes.
Eso lo sabíamos.
Pero es que, además, el peso del capital financiero especulativo y sus instrumentos de intervención multiplica varias veces el capital invertido en producir bienes. Su enorme poder acelera la competitividad global, un proceso que antes era más lento.
El especulador proporciona liquidez.
Y antes de eso, los occidentales ya hemos cedido bienestar sin darnos cuenta...
Es que estos años han sido duros.
Estas décadas. Recuerde que sus padres podían vivir relativamente bien sólo con el salario del cabeza de familia. Hoy son imprescindibles dos sueldos para mantener el mismo nivel de vida en un hogar.
Pronto harán falta tres para vivir peor.
Nuestra convergencia con las condiciones de vida de los emergentes podría, no obstante, ser menos traumática para todos si interviniéramos como ciudadanos democrática y soberanamente en el proceso.
¿Hay alternativa a aguantarse?
Por supuesto. Antes le hablaba de Wal-Mart y la vida low cost: usted paga menos y así le acaban pagando menos a usted.
Nadie regala nada por nada.
Y en el otro extremo está el high tech: Google, Facebook, Apple... Son sectores californianos donde los sueldos se han disparado.
¡Pero aquí evaden sus impuestos!
Porque sus estados nacionales europeos ya son impotentes para hacerles pagar. Pueden confiscar las rentas del trabajo de sus clases medias, pero son incapaces de hacer pagar a grandes fortunas o multinacionales.
¿Si quisieran, podrían?
Han entrado en una subasta competitiva por atraer inversiones y empleos que incluye hacer la vista gorda fiscal con las multinacionales, porque ellas pueden crear empleo.
También tienen miedo a que los grandes capitales huyan de la fiscalidad.
Se gravan más las rentas del trabajo que las del capital, precisamente por la misma lógica anticuada: si se molesta al gran capital, se irá a otra parte y perderemos inversiones. Si evitáramos los paraísos fiscales –algo perfectamente factible con la suficiente presión ciudadana–, se frenaría ese proceso.
No tenemos estados capaces de eso.
Han sido desbordados por la globalización. Estamos hablando de problemas globales que requieren soluciones globales. Y eso implica un nuevo cosmopolitismo que las haga posibles. Hoy sólo las clases medias creen en el Estado nación: las clases altas lo utilizan y las clases bajas son migratorias.
El nacionalismo es de clase media.
Necesitamos un nuevo cosmopolitismo que sepa ver que nuestros grandes problemas globales ya no tienen soluciones nacionales. Así podremos crear instituciones globales para solucionarlos.
domingo, 11 de marzo de 2012
sábado, 10 de marzo de 2012
¿Por qué soy anarcofeminista?
Dejando de lado etiquetas, un buen texto de un colectivo argentino en relación al 8 de marzo. Cada día es ocho de marzo, cada día hay que luchar por la igualdad real (que no formal) entre mujeres y hombres, entre mujeres y mujeres y entre hombres y hombres.
¿POR QUÉ SOY ANARCOFEMINISTA?
Cuando me preguntaste porqué soy anarco-feminista con ese tono de voz tan paternalista no pude más que sonreírte, encogerme de hombros y contestarte (porque si) ¿y por qué porque si? Porque mas que respuestas tengo preguntas, preguntas que me hago desde siempre.
¿Será porque estoy cansada de que me traten como si fuera menor de edad?
¿Será porque cuando era chica se me quedaron atragantadas las ganas de subir a los arboles por que hacerlo era cosa de varones y no había que ser machona ?
¿Será poque me moria de ganas de jugar a la pelota y solo se me permitía jugar a la casita, a las muñecas, a leer cuentos como Blancanieves, la Bella durmiente, la Cenicienta, y al igual que ellas me inducían a esperar al principe azul que me salvaría y me protegería de los males de este mundo. Y a cambio de ello yo solo debía ser buena y complaciente ?
¿Será por que aún tengo grabadas las culpas de las caricias inapropiadas permitidas al novio de la adolescencia?
¿Será por que no quise llegar virgen al matrimonio como correspondia en aquellos tiempos a las mujeres de mi generación?
¿Será porque cada vez que durante el almuerzo o la cena cuando alguien reclama que falta sal, o algo por el estilo, se espera que sea yo la que se levante a buscarlo?
¿Será porque quiero un compañero, y caminar por la vida a la par, no delante ni detrás suyo?
¿Será porque quiero pensar por mí misma sin pedir permiso?
¿Será porque quiero hacerme cargo de mi propia vida, en lugar de cargar sobre las espaldas de un varón mi subsistencia?
¿Será porque espero que cada vez que me equivoco no se juzge que el error que cometo se debe a mi condición de ser mujer?
¿Será porque tengo la ilusión de que si repartimos y compartimos las tareas domésticas, la crianza de l@s hij@s, las tareas que generan dinero, conocimiento, la toma de decisiones, etc,etc, nos permitiría a mujeres y hombres crecer juntos y sería la cotidianedad mas placentera?
¿Será porque me llena de bronca ese modelo de hombre que anda por la vida con un telefono celular colgado de cada oreja , con la risa ahogada por el nudo de la corbata seduciendo mujeres-niñas en potentes autos y practicando sexo expeditivo y descartable a fuerza de “viagra” en el mejor de los casos?
¿Será porque quiero compartir una cama con un hombre que este menos preocupado por su potencia sexual y se desnude en su sensibilidad, su ternura, sus miedos, sus alegrías, sus sueños, sus utopías?
¿Será porque no tengo ganas de esperar a que hagamos la revolución para resolver la relacion de poder que existe entre hombres y mujeres y en la que la mayoria de las veces, salvando las honrosas excepciones que confirman la regla , las mujeres pasamos a ser propiedad de los varones?
¿Será porque me suena a “verso” el discurso en el que se escudan los “revolucionarios” que dicen que estan tan ocupados con la revolucion que no tiene tiempo para el compromiso afectivo, y al igual que los burgueses caen en el ejercicio de la practica del sexo fácil sin compromiso bastardeando la excelencia del amor libre?
¿Será porque creo que ser libre no es hacer lo que me da la gana sino elegir con que y con quienes me comprometo?
¿Será porque quiero llevar a la práctica cotidiana tanto discurso de solidaridad, libertad, no a la jerarquía, y necesito el equilibrio entre lo que pienso y lo que siento?
¿Será porque me enoja ver como el sistema capitalista prostituye nuestra lucha haciendole creer a la sociedad que la igualdad que reclamamos existe, pues las mujeres hoy pueden ingresar en la política, a la policía, al ejército, pueden dirigir ministerios, empresas, reproduciendo los valores machistas que nos someten a mujeres y hombres?
¿Será porque la revolución social empieza por la casa?
¿Será porque la exigencia de ser madre por sobre todas las cosas como proyecto de vida no me alcanza?
¿Será porque ademàs quiero elegir; cuando, con quien, y en qué circunstancias ser madre?
¿Será porque quiero elegir no ser madre?
¿Será porque no quiero que cada vez que me enojo, grito ,levanto la voz o estoy de mal humor me cataloguen de histérica o menopausica o tengo la regla?
¿Será porque considero necesario, compañero,que comprendas que el feminismo no es solo un problema de las mujeres, repensar los roles que tenemos asignados mujeres y hombres con el objeto de someternos es la tarea que tenemos que enfrentar junt@s. Es el gran desafio que te propongo. Como vamos a hacer la revolución social si no podemos revolucionarnos a nosotr@s mism@s?
¿Será porque pienso que si no es dentro del anarquismo espacio donde corren vientos libertarios donde, dimelo compa, donde podemos protegernos de las tempestades de la dominacion en que hemos sido formad@s?
¿Será porque ademas de la utopía de una sociedad sin estado, sin iglesia, sin policia, sin militares, sin dios, sin patrón y sin marido, tengo la utopía de una de hombres acariciadores?
viernes, 2 de marzo de 2012
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